Un trauma ambiental
El caso de la Unidad Habitacional “El Encino”[1]
Oscar Hernández Neri[2]
La Unidad Habitacional “El Encino”, fue un proyecto para transformar la forma común de vivir, de convivir, de utilizar el espacio rural y de producir futuros. Luego de diecinueve años desde que fue concebido, quedan casas, varias de ellas abandonadas; familias aisladas y ensimismadas en sus conflictos; disgregación comunitaria permeada por apatía, recelos, odios; deterioro de las áreas e infraestructura comunes; en fin, dolorosa imposibilidad para realizar aquella quimera.
El paisaje en torno del Encino se convirtió primero en caserío descontrolado y luego en uno de los “desarrollos habitacionales” más poblados de México; la otrora tierra fértil para el maíz, la alcachofa, flores de ornato, hortalizas y forrajes diversos, debe soportar ahora miles de toneladas de asfalto, concreto, desechos sólidos y a una población que se adapta estoicamente al caos del transporte, la inseguridad, la falta de servicios educativos y a las interminables deudas con las empresas inmobiliarias.
El municipio de Chicoloapan, del Estado de México, donde se aloja El Encino, vio crecer su población de 90 mil a 250 mil habitantes en tan sólo siete años, experimentando el hacinamiento de 37 mil viviendas en menos de 800 hectáreas al oriente del polígono municipal. En esa magnitud debe estimarse el intensivo gasto de agua, la producción de basura, el deterioro ecológico.
Los nuevos conjuntos habitacionales trajeron consigo el establecimiento de plazas comerciales con franquicias y firmas transnacionales a las que el Ayuntamiento brinda todas las facilidades igual que a los consorcios inmobiliarios, para obtener licencias, permisos y descuentos en sus pagos por ley obligatorios.
Siendo El Encino un conjunto habitacional pionero en el municipio cuando la zona era semi rural, quedó rodeado por el gigantesco poblamiento. Hoy todo el territorio de la región, incluidos los municipios de Chimalhuacán y Texcoco tienen impresa la caótica dinámica de los conjuntos creados por GEO, HIR, BETA y ARA, empresas de la destrucción[3], aludidas en los medios masivos de comunicación como las artífices del desarrollo urbano sustentable, apalancadas desde la más alta esfera del poder del Estado de México y consentidas por las autoridades municipales de filiación perredista en Chicolopan.
Además de la dinámica exógena en la que pervive El Encino, el asentamiento se ve sujeto también al marasmo de su tejido social interno. La gente llegó a su casa nueva con una mudanza y en ella traía su cultura de individualidad, antropocentrismo y una idea de progreso[4]. Sí consiguió autogestionariamente vivienda digna luego de seis años de lucha social organizada, pero no se modificó su vulnerable pobreza.
El panorama actual en la comunidad del Encino y su entorno plantea una interrogante ineludible para cada uno de sus habitantes, misma pregunta que sirve a Alain Touraine (2000) para disertar en torno al fenómeno mundial de la globalización y la recomunitarización y que constituye el punto de partida en las presentes reflexiones, ¿podremos vivir juntos? .
Gestación de El Encino
En 1990 se inicia un movimiento de solicitantes de vivienda convocado por profesores de la entonces Preparatoria Popular Chicoloapan[5] y uno de los dirigentes de la ULP 15 M (Unión de Lucha Proletaria 15 de Marzo), organización de colonos creada para gestionar servicios y mejoras comunitarias en la creciente población de avecindados en las tierras ejidales agrícolas de las colonias Revolución, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Santa Rosa, San José, Francisco Villa y Ejercito del Trabajo. El grupo de solicitantes de vivienda se adhirió al movimiento urbano popular del Valle de México y particularmente a la UPREZ (Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata) organización social que en el Distrito Federal había ya producido cientos de viviendas para gente de escasos recursos.
Luego de seis años de vicisitudes en la gestión del crédito con el que se compraría el suelo y se construirían las casas, finalmente se inaugura El Encino el 10 de Abril de 1996 con sesenta viviendas unifamiliares bajo régimen condominal en 9 mil metros cuadrados.
Participativamente se hizo la planeación y diseño. La asamblea distribuía tareas y tomaba decisiones colectivas con asesoría de los dirigentes de la UPREZ, además de ingenieros y arquitectos a los que se pagaba sus servicios. En el proyecto se contemplaron lotes de 90 a 100 metros cuadrados, casas de dos niveles con un área construida de 135 metros cuadrados, área de estacionamiento (en casas con vista a la calle), jardín, sotehuela, y servicios básicos; un área común al centro del predio para la práctica deportiva y el juego infantil; un estacionamiento central; un espacio para la cisterna y equipo de bombeo general; y, un concepto ecologista para el uso de andadores, áreas verdes, reciclaje del agua, cultivo de árboles frutales y cercos verdes para delimitar los lotes.
Durante los seis años de gestión se hicieron asambleas dominicales y múltiples visitas, marchas y plantones de presión a las autoridades municipales, estatales y federales. Se promovía el ahorro interno para incrementar los alcances del crédito conseguido ante FONAPO, que ascendió a 2500 salarios mínimos de la época por solicitante y para los gastos de operación y pagos menores.
A diferencia de los fraccionamientos populares irregulares[6] que es el principal tipo de poblamiento en la región, El Encino es del tipo “conjunto habitacional”, construido mediante la inversión mixta, recursos privados de cada solicitante, y público, por el crédito de FONAPO, proveniente del gobierno federal, que debe pagarse con intereses relativamente bajos en mensualidades tasadas en el salario mínimo vigente, durante 13 años.
El grupo de solicitantes fue siempre heterogéneo e inestable debido a la tardanza con la que se concretaba. Unos entraban y otros salían. Cuando vino el momento de pagar el enganche para comprar el suelo quedaron sólo aquellas familias con mejor nivel de ingresos; no pudo mantenerse a los más pobres, a pesar de que habían ofrendado varios años de participación; la urgencia de pagar obligó a excluir y preferir a otros menos necesitados. Todos formaron parte de la Asamblea, algunos eran núcleos familiares grandes y otros sólo la pareja, tenían edades diversas, domicilios de origen muy variado, costumbres distintas, pero los reunía consistentemente la expectativa de una vivienda con proyección ecologista. El proceso autogestionario, ligado a la UPREZ, se desenvolvió paralelamente con algunos procesos políticos y electorales asociados al PRD y en buena medida también a procesos de discusión, debate y aprendizaje en torno a los derechos humanos, a la planeación urbana, a la formación de ciudadanía y al crecimiento organizacional. Entre los solicitantes hubo profesionistas, gente con poca historia escolar y profesores. Entre los acuerdos que pudieron construirse para regular el funcionamiento futuro del conjunto habitacional, bajo los principios de participación, colectividad y democracia estuvieron entre otros:
· Destinar los andadores internos a áreas empastadas para la absorción de agua de lluvia, limitando el acceso vehicular sólo a un área central
· Preservar una casa, la llamada “casa de todos” para los servicios comunitarios que se hicieran necesarios
· Delimitar los lotes, en sus áreas verdes, con especies vegetales, evitando cercos o barandales que rompan la continuidad en la arquitectura del paisaje
· Cultivar en los lotes y áreas comunes árboles frutales de porte mediano, plantas de ornato y medicinales
· Racionar el uso del agua con un equipo hidroneumático y cisterna generales, además de tinacos individuales para evitar las cisternas por lote
· Reutilizar el agua de lavabos y regadera en las áreas verdes
· Prorratear entre todas las casas los gastos y el trabajo que represente el mantenimiento y consolidación de espacios e infraestructura comunes
· No modificar las fachadas los cercos y las áreas comunes a fin de conservar uniformidad en la imagen del conjunto
· No vender, traspasar o rentar viviendas a menos de que sea analizado y aprobado por la asamblea de condóminos
Decadencia Prematura
Los primeros meses viviendo en El Encino fueron memorables porque se apreciaba el espíritu de solidaridad y cooperación que se había logrado con la convivencia de las asambleas y el trabajo gestionario. Pero el primer acontecimiento que dio al traste fue la modificación estructural y crecimiento en la construcción de casas cuyos propietarios tenían más solvencia económica. En algunas casas se empezaron a instalar tinas con hidromasaje, antenas para televisión privada, pisos y plafones de lujo y aparecían en el estacionamiento automóviles nuevos y costosos. Sus dueños habían simulado carencias económicas con lo que oportunistamente se hicieron de una o más casas que ahora les hacían más desahogada su vida. Aunque había requisitos legales para evitar que eso pasara, pudieron esquivarlos con habilidad. Otras casas no han sido habitadas, se conservan como mero patrimonio para el futuro, en realidad sus propietarios no las necesitaban.
Los habitantes entusiastas por el mejoramiento de la unidad habitacional pronto vieron frustrados sus esfuerzos porque la participación se hizo cada vez más limitada y negligente. La apatía terminó por dominar el panorama y los problemas de robos, riñas, destrucción, escándalos, campean a diario.
La mayoría de condóminos han incrementado sus adeudos en FONAPO debido al retraso de las mensualidades y los intereses moratorios, es comprensible entre la gente de escasos recursos, pero no en aquellos casos donde se ven mejoras ostensibles de sus viviendas, en tanto, la organización UPREZ se ve limitada y hasta cierto punto desprestigiada para gestiones futuras. El agua no se recicla, las áreas verdes se usan arbitrariamente para los autos, en varios lotes han construido cisternas para no tener que afrontar colectivamente el mantenimiento de la bomba general, no hay jornadas de trabajo y todo problema debe ser atendido como sea posible por cada quien.
Los espacios comunes se convirtieron en sitios de disputas entre niños y adultos. En algunos casos la convivencia colectiva se ha tornado enconos derivados de malos entendidos, chismes y falta de respeto a los otros. Se han manifestado también intenciones de lucrar con algunas viviendas y con la “casa de todos”, pero se han podido contener desde la Asamblea y la legalidad.
Es conocida la afiliación al Partido Acción Nacional de algunos habitantes y la inclusión de otros al grupo más retrógrado del municipio, al que pertenecen las autoridades municipales del PRD. En la división también política se manifiesta hoy un rechazo a la causa social de los pobres y a la lucha de la UPREZ.
Lo que fue una unidad modelo por el concepto de hábitat, por su espíritu comunitario, por la calidad de construcciones, por el diseño de la vivienda y el bajo costo de producción, se ha degradado quizá porque su comunidad no correspondió al proyecto, sólo lo hizo suyo simuladamente cuando era necesario hacerlo.
El deterioro ambiental se ve acendrado por las condiciones del entorno. De ser una zona semi rural pasa a ser una ciudad que engulle cada rincón del territorio. La urbanización termina por absorber a cada persona, pues nadie puede abstraerse de los de afuera y de lo que pasa afuera de El Encino, falta el agua, potable, se interrumpe el trafico para entrar y salir, baja el voltaje eléctrico y se multiplican los apagones, en las calles hay un mercado vertiginoso de lotes, casas y toda clase de mercancías, hay nuevos encharcamientos y lodazales, en fin, miles de personas más en el mismo lugar.
Más allá de la Urbanización
La urbanización es un proceso de concentración de la población en dos niveles: 1, la multiplicación de los puntos de concentración y 2, el aumento en la dimensión de cada una de las concentraciones, la agregación y la expansión. Es una forma espacial del asentamiento de la población que se ha asociado a lo largo de la historia en todo el mundo, al crecimiento industrial
Para los ecosistemas, la urbanización implica una invasión-sucesión. El ser humano es una especie que se introduce y se multiplica sin control por depredadores; que está inmune cada vez más a la selección natural y que es capaz de manipular su proceso evolutivo
Dentro de los asentamientos, en los sistemas urbanos operan procesos además de segregación, derivados de las características económicas de la población, de sus actividades productivas y en general de su cultura
El uso del poder político y económico determinan los tipos de poblamiento y con ello el grado con que se explotan los recursos naturales y el ecosistema. En El Encino fue la organización social que gestionó recursos financieros, asesoría profesional, servicios básicos, y ahorró durante varios años. Tuvo contra sí a las autoridades municipales, a las autoridades estatales y a algunos grupos caciquiles de la cabecera municipal. Aunque el suelo era de propiedad privada y no tenía un propósito lucrativo, los requisitos oficiales para construir el condominio horizontal eran más tortuosos que para las empresas inmobiliarias. A la organización le costó seis años de trámites y gestiones, a las inmobiliarias que construyeron la nueva ciudad al Oriente de El Encino sólo un año. En 1998 compraron la tierra agrícola de las ex haciendas Costitlán y Tlalmimilolpan, el mismo año consiguen que la legislatura local decrete el cambio de uso de suelo y un nuevo plan de de desarrollo urbano para el municipio y, en 2000, empiezan la edificación de las casas contra la propia ley de asentamientos humanos del Estado de México, que prohíbe fraccionamientos sin antes establecer vialidades y servicios hidrosanitarios y que condiciona todo proyecto a la demostración de que no habrá impactos ambientales significativos. Se iniciaron las obras con el beneplácito del Ayuntamiento de Chicoloapan que se dedicó a cerrar los ojos frente al ecocidio y a la burla de las leyes a cambio de unos millones de pesos, vehículos y casas para los funcionarios.
En el mismo municipio, como la otra cara de la moneda, más de quince mil personas viven en las colonias de San Isidro, al extremo Sur Poniente, en una ciudad perdida que no se ha regularizado desde hace 16 años porque no tiene uso de suelo habitacional y aunque la población con sus organizaciones y grupos han pugnado por esta demanda sólo han recibido promesas y continuas amenazas de desalojo. Viven en la miseria con toda clase de carencias, recordados sólo en épocas electorales.
El comportamiento de las personas en cualquier sistema social es por demás complejo, no puede interpretarse con relaciones lineales de causa-efecto ni con suposiciones mecanicistas. Entre la naturaleza de la especie humana, su sistema de relaciones con el medio y la cultura, es que se realizan sus actos destructivos o constructivos. Pueden documentarse los efectos que en materia económica tiene la urbanización, o en materia demográfica, educativa, religiosa o hasta en materia de pobreza, pero explicar porqué y como odia un colono a su vecino o porqué cambia su sentido de fraternidad por la indiferencia y el encono, es para interpretar a una persona tanto más que difícil y aventurado, más aún para explicar los porqué de esos y muchos más acontecimientos en una comunidad, como ocurre en El Encino, hechos dolorosos que limitan una transformación a favor de sí mismos.
Para estudiar la conciencia no puede ser el individuo la unidad de estudio. Los sistemas psíquicos tienen su propia infinitud interna, ninguno es observable en su totalidad por eso más difícilmente observables que los sistemas sociales
¿Podremos Vivir Juntos?
Es cierto que vivimos un poco juntos en todo el planeta, pero también lo es que en todas partes se fortalecen y multiplican los agrupamientos comunitarios, las asociaciones fundadas en una pertenencia común, las sectas, los cultos, los nacionalismos y que las sociedades vuelven a convertirse en comunidades al reunir estrechamente en el mismo territorio sociedad, cultura, poder… Cuando estamos todos juntos, no tenemos casi nada en común, y cuando compartimos unas creencias y una historia, rechazamos a quienes son diferentes de nosotros
La aseveración, aunque hecha para el mundo globalizado por el mercado, merece hipotetizar que la comunidad de El Encino habrá de distinguirse de otros conjuntos habitacionales porque le es inmanente una historia un poco distinta. Su identidad será defendida porque es una pequeña sociedad que cursó por una escuela para hacer proyectos, la organización social y sus procesos autogestionarios.
Se trata de aprender a vivir juntos desarrollando el conocimiento de los otros, de su historia, de sus tradiciones y su espiritualidad. Y a partir de allí, crear un nuevo espíritu que, precisamente gracias a esta percepción de nuestras interdependencias crecientes, a un análisis compartido de los riesgos y desafíos del futuro, impulse a la realización de proyectos comunes o bien a un manejo inteligente y pacífico de los inevitables conflictos
Y es que se está viviendo allí en una sociedad de cambio, riesgo, desocialización y aislamiento en donde tarde o temprano verán la necesidad de vivir activamente ese cambio fuera del orden que se ha establecido como una comunidad que estaba en la periferia urbana y hoy el centro de la inseguridad y el deterioro.Las bases ecológicas de El Encino y su entorno se encuentran en franca destrucción, lo mismo que sus condiciones de habitabilidad y convivencia. Es una comunidad que está llamada a expandir el diálogo de saberes como vanguardia del nuevo proceso para la producción y apropiación del hábitat, del espacio geográfico en el que va a tener lugar la construcción de sujetos sociales que rediseñen su futuro. Ha experimentado un traumatismo que le sumergió en depresión pero está dotado de resilencia de donde surgirá como ave fénix el ímpetu de la conciencia y de una ética ambientalista. Es ya la tarea obligada para la organización social que apostó en su quimera.
BIBLIOGRAFÍA
Azuela, A., & Duhau, E. (1993). Gestión urbana y cambio institucional. México: Universidad Autónoma Metropolitana.
Borrayo López, R. (2002). Sustentabilidad y desarrollo económico. México: IIEC/UNAM/Mc. Graw Hill.
Castells, M. (2001). Problemas de investigación en sociología urbana. México: Siglo XXI.
Cruz Rodríguez, M. S. (2001). Propiedad, poblamiento y periferia rural en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. México D.F.: Red Nacional de Investigación Urbana/UAM A.
Delors, J. (2002). La educación encierra un tesoro. México: Santillana Ediciones UNESCO.
Leff, E. (2007). Saber ambiental. Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder. México: Siglo XXI/PNUMA/CEIICH.
Luhmann, N. (1991). sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general. México: Anthropos/UIA/CEJA.
Proyecto "Nuevo Paradigma". (2001). La dimensión de"futuro" en la construcción de la sostenibilidad institucional. San José de Costa Rica: Red nuevo paradigma.
Soberón, J. (1995). Ecología de poblaciones. México: SEP/Fondo de Cultura Económica/CONACyT.
Touraine, A. (2000). ¿Podremos vivir juntos? México: Fondo de Cultura Económica.
[1] Ensayo que se presenta como requisito de certificación en el Módulo Ambiental de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (Agosto de 2008). E mail: oscarherneri@yahoo.es
[2] Director de la Preparatoria Oficial No. 55 y cofundador de la “Unidad Habitacional El Encino”
[3] Se alude a la destrucción como efecto de la racionalidad económica, esto es que la producción industrializada tiene el fin básico de generar riqueza para grupos privilegiados, ignora a la naturaleza causando destrucción ecológica y degradación ambiental, generando deudas de tres tipos: financiera, ecológica y de la razón (Leff, 2007).
[4] Refiere la Red Nuevo Paradigma que las reglas de la vulnerabilidad son teleología de la insustentabilidad, una de esas reglas es la idea de progreso. Ésta se ha incorporado a la civilización moderna occidental en oposición a las creencias religiosas como idea del crecimiento ilimitado producto del aporte permanente de la ciencia y de una visión antropocéntrica de la historia. En esta concepción la naturaleza puede ser explotada sin límites para el beneficio de los humanos mientras que la felicidad y el estatus de las personas radica en el tener, en el poseer
[5] Desde 1999 la Preparatoria Popular Chicoloapan es oficializada mediante estrategias autogestionarias y presión al gobierno del Estado de México, constituyéndose como Escuela Preparatoria Oficial No. 55 “Ollin Tepochcalli”, razón social que hasta hoy continúa.
[6] Los asentamientos populares son producidos por diversas modalidades como la invasión, la venta fraudulenta de lotes urbanos, la urbanización ilegal en terrenos ejidales, etc.; se han formado mediante la intervención directa de agentes promotores privados, sociales y públicos, no importa su condición de regularidad o irregularidad frente a las distintas formas de tenencia de la tierra, ni frente a la normatividad vigente. Ellas han formado parte de la estructura de las ciudades desde la década de los veinte y se han denominado indistintamente, de acuerdo a cada período histórico, como colonias proletarias, para trabajadores, ciudades perdidas, etc. La función habitacional es dominante y su origen es frecuentemente irregular, aunque se encuentran también usos comerciales, de servicios e industriales. La densidad media es de 154 hab./ha pero pueden encontrarse densidades por encima de 250 hab./ha. La superficie de lotes varía entre 90 y 250 m2 (Cruz, 2001).
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